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Biocombustibles en la lucha contra el cambio climático

Los biocombustibles generados a partir de cultivos han nacido como alternativa a los combustibles fósiles y con la finalidad de reducir nuestra dependencia hacia ellos, creando así un camino enfocado hacia el uso de energías más sostenibles. De esta forma, se consigue mitigar los daños ocasionados por los combustibles fósiles y se ayuda a combatir el cambio climático. 

¿Qué son los biocombustibles?

Son carburantes ecológicos obtenidos a partir del tratamiento físico o químico de biomasa vegetal o animal, los cuales destacan por ser una fuente de energía renovable y limpia.
Un aspecto fundamental es que, durante la combustión, los biocombustibles generan energía sin aportar CO₂ neto al ambiente. Esto es posible gracias a que los productos utilizados para su fabricación absorben el CO₂ del entorno, contribuyendo así a la neutralización de emisiones contaminantes.

La biomasa es una fuente de energía proveniente de materiales no fósiles y de origen biológico que engloba diversos elementos. Estos elementos van desde cultivos energéticos hasta desechos agrícolas y forestales, así como sus subproductos, como el estiércol o la biomasa microbiana.

En este caso nos centraremos especialmente en los biocombustibles generados por cultivos energéticos, es decir, aquellos cultivos vegetales destinados a la creación de biomasa para generar biocombustibles.

Tipos de biocombustibles

Los biocombustibles constituyen una valiosa fuente de energía renovable y están clasificados en dos grupos principales según su producción y composición: biodiésel y bioetanol.

Biodiésel (Alto contenido en aceite)

  • Colza
  • Soja
  • Girasol
  • Palma
  • Jatropha
  • Cardo
  • Ricino
  • Camelina

Bioetanol (Alto contenido en azúcares)

  • Maíz
  • Caña de azúcar (cultivos energéticos)
  • Remolacha azucarada (cultivos energéticos)
  • Maíz (cultivos energéticos)
  • Sargo dulce (cultivos energéticos)
  • Topinambur (cultivos energéticos)
Tractor recolectando cultivo de trigo

Conclusiones

El uso de este tipo de biocombustibles en la agricultura otorga una serie de beneficios importantes, yendo desde la abundancia de materia prima y precios más bajos hasta el impulso al sector agrícola, generando energía renovable, eficiente y sostenible. Además, ayuda a la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles y a la generación de empleo en zonas rurales. Por último, la descarbonización resultante mitiga el cambio climático.

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