INFARM: «El invernadero vertical que conquista a supermercados y restaurantes»

El ritmo frenético de la vida moderna exige que los productos frescos estén disponibles todos los días del año, incluso aunque algunas variedades pueden ser solo de temporada y/o cultivarse al otro lado del mundo. El resultado es un sistema alimentario centrado en la cantidad, los precios bajos y la eficacia y no en la calidad, la sostenibilidad y la trazabilidad.

INFARM (The vertical farming revolution, urban Farming as a Service) evidencia la creciente demanda de alimentos muy nutritivos producidos localmente, sin herbicidas ni pesticidas, y aborda la falta de responsabilidad en el sistema alimentario actual. «Cultivando productos directamente donde la gente come y vive, podemos acortar la longitud de la cadena de distribución, reducir significativamente la cantidad de comida que se desperdicia, proporcionar alimentos ricos en nutrientes que no contengan ningún pesticida químico y mejorar la «huella» medioambiental de nuestras plantas», comenta Guy Galonska, director técnico y cofundador de INFARM. 


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La respuesta yace en la agricultura vertical, que produce alimentos en bastidores verticales de estanterías bajo condiciones controladas cuidadosamente, empleando técnicas hidropónicas y diodos emisores de luz (LED) que imitan la luz del sol. INFARM lleva el concepto un paso más allá al emplear sus unidades de cultivo modular inteligentes distribuidos por toda la ciudad. «En vez de preguntarnos cómo solventar las deficiencias de la cadena de distribución actual, queríamos rediseñar toda la cadena de principio a fin. En lugar de construir grandes explotaciones agrícolas fuera de la ciudad, optimizar un rendimiento específico y después distribuir el producto, decidimos que sería más eficaz distribuir las granjas y producir directamente donde la gente vive y come», explica Galonska.  

Uso de tecnología 

Cada unidad de producción constituye su propio ecosistema, lo que crea el ambiente adecuado para que las plantas crezcan. Al determinar las condiciones óptimas de espectro de luz, temperatura, pH y nutrientes, los investigadores pueden garantizar el mejor sabor, color y calidad nutricional posible para cada planta, ya sea la rúcula provenzal, el estragón mejicano o la menta marroquí. Las granjas distribuidas por toda la ciudad están conectadas entre sí a través de la plataforma central de cultivo de INFARM, creando así la primera red agrícola de este tipo. «Cada granja actúa como un canal de datos, enviando información sobre el crecimiento de las plantas a nuestra plataforma las veinticuatro horas del día, siete días a la semana, lo que permite aprender, ajustar y optimizar». 

Una matriz de sensores recopila y registra los datos, lo que permite a los investigadores optimizar a distancia el crecimiento de las plantas en tiempo real. Esta información también se transmite a la plataforma central de cultivo, lo que garantiza su desarrollo y mejora continuos. 

El diseño de las estanterías de cultivo imita el patrón de los pétalos del girasol, que constituye la distribución espacial más eficaz de la naturaleza. La estantería mueve las plantas desde el centro hacia el perímetro exterior según su tamaño y crecimiento. Las plántulas jóvenes se disponen en el centro de la espiral y, cuando están maduras, se recolectan desde el borde. Este diseño permite cosechar productos frescos todos los días del año con un rendimiento significativamente mayor que las tecnologías similares. 

Una cadena de distribución más corta 

INFARM controla actualmente más de cincuenta granjas en pasillos de supermercados, cocinas de restaurantes y almacenes de distribución de Berlín. Además de las granjas en las tiendas, INFARM ha logrado instalar y poner en marcha con éxito una plataforma logística y de producción de plántulas a gran escala que permite el funcionamiento continuo y eficaz de todas las unidades de cultivo.

Reduciendo la necesidad de transporte en los productos significa que los clientes pueden tener sus verduras, vegetales y hierbas con una menor huella de carbono. Usa menos agua y energía que el tradicional ya que el producto es cosechado momentos antes de su compra, la calidad también es mayor.


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